
Hoy hemos tenido la función navideña del colegio de mi hija y ha hecho su primera actuación (y digo primera porque pa mi que esta me sale artista). Ha sido una experiencia cuanto menos curiosa para nosotros, que somos primerizos en esto de las actuaciones de nuestra descendencia.
Ay que ver lo ansiosos que nos ponemos los papás cuando se trata de nuestros queridos hijitos. Estamos dispuesto a declararle la guerra a los demás si con eso conseguimos ponernos en primera fila.
Llegamos y nos hacen esperar una cola de 20 minutos, justo el tiempo necesario para poner al personal nervioso. Una mamá voluntaria se presta a informarnos de que primero entrarán los papás de las clases A, B y C y se sentarán delante. Vaya, nosotros somos de la D así que nos toca detrás hasta que terminen y luego avanzamos. Nerviosa, le comunico a mi marido, que está sentado para salir antes que yo, que como no se levante como un pedo para coger sitio puede haber divorcio.
Termina la C y rápidamente se provoca una avalancha de padres histéricos por llegar los primeros a las filas delanteras. Juraría haber visto a una abuela ponerle la zancadilla a un padre, no mejor, una madre le está tirando del pelo a otra porque al parecer se ha colado!!! Mientras, mi marido y yo nos apresuramos discretamente hacia el objetivo, la primera fila, pero la cosa está complicada, recibo codazos por doquier, empujones y demás bravuconerías dignas de los peores enemigos. Por fin, llegamos y conseguimos sentarnos en la tercera fila, no está nada mal, considerando la odisea en el hall.
Llega el momento de sacar la cámara de video y la de fotos. Sí, íbamos bien armados, y como nosotros todos los papás que allí se hacinaban cual sardinas histéricas enlatadas. Ahora pilla hueco para grabar. Le obligo a mi marido a arrodillarse en el pasillo para captarlo todo paso a paso, pero es placado por 2 abuelas y 3 madres, que se le tiran a la yugular para conseguir la mejor foto! Mi marido las mira con espanto, y una de ellas le dice sonriendo “jijiji estamos todos como locos!” Él asiente con cara de asquet y continua la lucha por encontrar un hueco.
Mientras, yo, desde mi silla, me estiro cual jirafa para no perder ripia, cámara en mano y baba lista para desbordar. Y entonces se produce el momento álgido, los angelitos salen a cantar su villancico disfrazados de médicos. Ahora son todo grititos de emoción, aplausos, lágrimas, babas cayendo sin control y mucha expectación.
Los niños, acojonaicos perdios, se preparan para cantar. Empieza el villancico y entonces desaparece todo el mundo y solo puedo ver a mi niña, preciosa ella se pone a cantar y a bailar mirando a su mamá y a su papá toda orgullosa de su actuación. Entonces una se da cuenta de que todo ha merecido la pena, porque estos momentos jamás se repetirán y me alegro muchísimo de poder haberlo compartido con ella!
Enhorabuena enana, te has salido!