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martes, 19 de octubre de 2010

Profundicemos en las perretas infantiles


Mi hija se encuentra en plena etapa perretil, que por suerte no está siendo excesivamente pronunciada, pero ahí está, asomando de tanto en tanto cual demonio enrabietado. Vamos que solo le falta echar espuma por la boca. Y aquí sigue su madre, aguantando estoicamente el tirón, porque joder con el angelito. Mi hijo, sin embargo, no se ha adentrado en la edad oficial pero ya apunta maneras, más si cabe que su hermana, ya que a su corta edad menudos cabreos que se coge el enano!
Cuando el temporal nos pilla en casa, todo está controlado. Mamalis pone en práctica los sabios consejos de Supernanny y todo queda en un chispeo. Está claro que es fácil ignorarles entre los muros protectores del hogar. ¿Pero qué pasa cuando te montan el pollo en la calle? Ahh amiga, eso es otra historia, ahí os quiero ver yo, aguantando el tirón de forma digna y educando a la vez.
En los últimos 3 días me he comido dos perretones de órdago, uno de mi hijo y otro de mi hija. Se turnan, que majos son.
El enano es un fiel aficionado a los columpios, el problema es que no puede estar montado eternamente porque los parques son de todos y hay más niños en el mundo. Además mamá tiene un límite que se traduce en tolerancia cero al mundo columpil que ya me tiene fritanga perdia. Así que el domingo pasado le llevé a los columpios de casa de mi madre, y cuando consideré que llevaba suficiente tiempo (1 hora) subido al maldito columpio, decidí bajarle. Bueno pues menuda rabieta que se cogió el moco. Si parecía que se le iban a salir los ojos de las órbitas. No había manera de cogerle en brazos y si le sentabas se tiraba hacia atrás cual catapulta en pleno lanzamiento. Y que fuerza tiene el jodio! Total que opte por tumbarle suavemente en la arena y dejarle hasta que escampara.
Tomé asiento a la vera de mi madre y ambas observamos atónitas como el histérico de mi hijo se revolcaba por la arena como si estuviera poseído. Parecía la niña del exorcista en versión miniatura. Hay que ver que mala leche desprendía el enano, si solo le faltaba que la cabeza le diera vueltas. Total que menos mal que no había nadie más en el parque porque la cosa duró un buen rato.
La de mi hija se produjo por no querer prestar su moto. “Que no, que es mía, que no se la dejo” gritaba enrabietada. Total que Mamalis entra en acción y le obliga a prestarla. Pues vaya cabreo que se pillo doña Pepis cuando vio que otro niño osaba montar en SU moto. Claro está, yo no podía ceder porque tengo que enseñarla a compartir y sobre todo, que las cosas no se consiguen llorando. La teoría está fenomenal, pero eso explícaselo al demonio personificado y bajo la desaprobadora mirada del vecindario entero. Pero si parecía que la degollaba cada vez que le negaba la moto.
No, si al final iba a parecer maltrato infantil no te jode. En ese momento, aunque quieres estrangularla, no te queda otra que aguantar el tirón manteniéndote en tus trece, y como una pringada dices entre dientes y esbozando una sonrisa forzada “venga guapa si tu eres muy buena y compartes todo, no seas egoísta y déjasela a Pancho”, aunque por dentro estas pensando “maldita sea niña o prestas la moto o no vuelves a salir de casa en tu vida”. Es complicado y sobre todo bastante estresante, pero hay que pasar por ello, a todos nos llega tarde o temprano.
¿Y vosotros como lo lleváis?

NOTA: Atención a la nueva canción y video de Juan Zelada, lo he puesto en un gadget arriba a la izquierda, se sale!!!