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jueves, 13 de mayo de 2010

Niño bitongo


Mi madre de origen cubano, aunque exiliada desde hace ya varias décadas, sigue utilizando algunas expresiones de su lugar de origen. Una de ellas es “niño bitongo”. He estado haciendo algunas investigaciones y he descubierto que nuestra expresión para ello es “niño zangolotino” que significa “muchacho que se comporta como un niño o al que se le trata como un niño”, o como dice mi madre, “un niño bobo que debería ir andando ya”.
El caso es que me parece una expresión perfecta para denominar a los niños (bueno, no tan niños, rondando ya los 4 , 5 , o incluso 6 años, algunos más!) que todavía se les permite ir en la sillita de paseo como si fueran paralíticos. Hoy he visito un caso y de ahí mi post de hoy.
Cual ha sido mi gran sorpresa cuando llegando a recoger a mi hija al colegio, veo salir a una madre empujando una sillita en la que iba el bebe más grande que he visto en mi vida. Joder pero si era casi más alto que yo! Las piernas le sobresalían tres kilómetros en horizontal y los brazos los llevaba colocados alrededor del cuerpo formando un puzzle amorfo y apuesto a que si los hubiera soltado tocaban el suelo fijo!
La madre iba tan contenta pensando (supongo) “pobrecito mi retoñín, que vaya sentadito, debe de estar cansadito de la dura mañana en el colegio”. ¿Queeeeeeee? Pero si tu retoñín debe de rondar las 10 primaveras! Que vergüenza. Tranquila mujer que si es por amortizar el carro ya te lo compro yo de segunda mano y santas pascuas. Sepa usted que si su objetivo es llevarle en la sillita a su boda y que de ahí retome su mujer lo lleva crudo, sobre todo su hijo.
Me da fatiga solo pensar en qué clase de monstruitos estamos educando. Que un niño de siete u ocho años vaya en la sillita de paseo es ridículo. Los niños tienen que aprender a ser independientes y espabilaos , por favor dejémosles que lo sean!
(Lo dice la que sigue durmiendo con su hija de dos años en la cama, pero eso es otra historia, no se como enmendarla, se aceptan consejos)
No a los niños bitongos!

jueves, 6 de mayo de 2010

Mi vida con banda sonora


Siempre he pensado que si lo que hacemos en la vida fuera acompañado de una banda sonora, todo en general sería mucho más bonito y emotivo. He desempolvado mi mini Ipod y lo he actualizado con música. Ahora mis mañanas son mucho más emocionantes, vivo en una película constante en la que la prota soy yo y mis circunstancias. Me lo estoy pasando como una enana! ¿Qué tiene de malo evadirse de vez en cuando?
Me subo en el coche por la mañana para llevar a mi hija al cole y pongo Blue Ridge Mountains de Fleet Foxes, las dos nos ponemos a bailar. Es la canción perfecta para empezar el día con optimismo. Imagino que nos marchamos de viaje a algún lugar exótico, ella y yo, de aventuras por el mundo, es genial. La dejo en el cole y me subo en el coche de nuevo, esta vez me dirijo al gimnasio, así que pongo Full Moon de The Black Ghosts, es la continuación de mi viaje, ahora soy una mujer libre, independiente y un poco mística (ya que me dirijo a Yoga), soy una tía súper interesante!
En mi amado Yoga ya se ocupa la profe de poner la banda sonora, música siempre de relax y muy mística ella, me imagino en McLeod Ganj en la India, practicando meditación y yoga en medio de las montañas, ahora soy muy espiritual. Salgo como nueva, mi circulación funciona a las mil maravillas y ya me siento preparada para afrontar el día.
Vuelvo a mi casa, me ducho y recojo a mi hijo, que hoy me acompañará a la compra. La compra, esa repugnante obligación semanal que a mi parecer no tiene ningún atractivo. Según entro, me enchufo Supermassive Black Hole de Muse y ahora soy una súper “sexy mama” que entra a cámara lenta en el supermercado con su adorable bebe. Todo el mundo se da la vuelta para mirarnos! Recorro los pasillos disfrutando de la música y de las sonrisas de mi peque.
Ahora suena Eyes on Fire de Blue Foundation, todo se vuelve más lento, salimos del supermercado e imagino que un súper tío bueno se ha fijado en nosotros y se ha enamorado locamente de mi. Nos sigue al aparcamiento y se ofrece a ayudarme a subir las bolsas al coche (todo en mi imaginación claro, que flipada!!).
De camino a casa me pongo I Can´t Love de Juan Zelada, una espectacular canción que me pone los pelos de punta. Ahora soy una romántica empedernida, creo que voy a preparar una cenita para mi marido y para mi esta noche (luego nunca lo hago… acabo agotada, pero la intención cuenta no?)
Esta es una pequeña muestra de mis pajas mentales con banda sonora, recomiendo enérgicamente probarlo!

martes, 4 de mayo de 2010

¿Educamos o mal educamos?


Esta mañana he leído un post que me ha parecido bastante interesante, se titula ¿Qué mierda de sociedad estamos creando? y trata, entre otras cosas, a cerca de la mala educación que algunos padres le dan a sus hijos y la poca autoridad que se le confiere hoy en día a los profesores.
Personalmente opino que los niños de hoy en día son casi todos unos vándalos y no se muy bien porqué puede ser, pero desde luego que, el respeto que nosotros teníamos por nuestros mayores ya no es el mismo.
Yo soy nueva en esto de la educación, la verdad es que se me hace raro verme al otro lado de la moneda. Ahora soy yo la que va a hablar con los profes, la que regaña cuando se hace algo mal y la que repite las cosas hasta parecer un disco rayado. Se me hace bastante raro. He de reconocer que incluso muchas veces me veo un poco perdida, no se muy bien cómo hacerlo. Sin embargo, lo que tengo muy claro es que quiero que mis hijos sean respetuosos y tolerantes con los demás.
No quiero entrar en el tema de cómo educar, porque para empezar estoy un poco verde, pero sí quiero contar una anécdota de la cual me siento muy orgullosa, tanto por mi parte como por la de mi pareja. Los dos estamos de acuerdo en que preferimos dedicarle tiempo y cariño a los niños antes que colmarles de juguetes que al final no van a valorar en absoluto.
Desde que mi hija ha empezado a sociabilizar, solemos bajar mucho al jardín de nuestra casa. Ya tiene muchos amiguitos (aunque todavía va cada uno un poco a su bola, pero bueno cada vez se relacionan más). Pero fue en otoño cuando bajamos por primera vez y nos dimos cuenta de que estaban de moda las motos pequeñitas. Todos los enanos andaban corriendo con ellas por el jardín.
Al principio nos dio igual porque nuestra hija pasaba un poco, además, como es una cagada, no se atrevía a subirse. Pero conforme pasaba el tiempo ella se fue fijando más en las motos, cuando veía que algún niño dejaba la suya por ahí tirada, iba ella y la cogía para probar. Llegó a tal punto que cuando hacían carreras, ella era la única que iba corriendo. La verdad es que a mi me daba mucha lástima, pero por otro lado la veía feliz, le daba igual, ella participaba como podía. Tuve algún momento de debilidad, pero ahí estaba mi marido para recordarme que nosotros no queremos que nuestros hijos sean unos consentidos. Me decía “¿que pasa, que cuando todos los niños tengan consolas tu le vas a comprar una a tus hijos?”. Eso me llegaba al corazón, porque si algo me repugna en esta vida, son los niños que se pasan la vida con los videojuegos esos en lugar de estar en la calle inventando cosas para divertirse. Así que nos hemos mantenido firmes durante todo el invierno.
Sin embargo, el otro día me fui a Carreflur con mi madre y vimos unas motos de Mickey bastante baratas. Mi madre, como buena abuela, ha sufrido mucho viendo a la niña sin moto, y aunque ha intentado convencerme en numerosas ocasiones para comprarle una, yo me he negado en rotundo. Total que, el otro día, al final me convenció y nos la llevamos.
Cuando la niña la vio, no cabía en sí de la alegría, no paraba de decirle a todo el mundo, “es mi moto, es mi moto”, incluso a los dos días cuando la llevé al cole le dijo a la profesora “mama ha compado una moto”. Estaba tan emocionada. Cuando bajamos al jardín todo el mundo le decía “pero mírala si ya tiene una moto, que suerte!” y ahí que iba ella toda orgullosa.
Ya hace una semana de esto y todavía sigue emocionada, no se baja de la moto. Ha practicado mucho e incluso ha ganado alguna carrera.
Conclusión: al final hemos sucumbido sí, pero ella valora lo que tiene y está agradecida. Estas son dos cualidades que quiero inculcarle a mis hijos y creo que esta vez lo hemos hecho bien. Supongo que nos equivocaremos muchas otras pero cuando una tiene claro lo esencial, lo demás viene solo o eso espero!